Siempre soñó con ser neurocirujana pero como
su afición al whisky le dejó el pulso de maraquero, se puso una peluquería en
Once. Aunque nunca estuvo en la cárcel, fue acusada de mala praxis, amenazas
con instrumentos punzocortantes y alteración del orden en la vía pública presa
de visiones apocalípticas del amor y la vida. Por estas razones tuvo que
fugarse a San Juan bajo una identidad falsa. Y una noche de luna llena en el
medio del Desierto, entre mamúas volteadoras y lagartijas en celo, escuchó el
llamado de la Difunta Correa quien se le apareció para darle el don del canto
con la fuerza del galope salvaje del viento. Y fue así que Irma prometió ante
la Santa dejar de beber, aunque al irse se robó varias de las botellas del
santuario y las rellenó con un vino patero de una finca desvencijada. Sus
recurrentes vahídos la hacen estar convencida de que ella es la más grande
cantante de cumbia nacional y que algún día será adorada, con estampitas de
plata blanca y nácar.
Se inició en el mundo de la música
amenizando viajes de egresados, campamentos boy scouts y recorridos turísticos
para extranjeros de los hermanos países latinoamericanos por todo el territorio
nacional. En una excursión a las Cataratas del Iguazú conoció a una viuda
veterana de la Guayana Francesa quien se sintió inmediatamente atraída por los
acordes de su guitarra. Tras un año de relación, ella muere en un lamentable
accidente en teleférico heredándole toda su fortuna. Fue mordido por un gato
montés en uno de sus viajes, lo que le dejó una extraña fascinación por los
felinos silvestres. En tierras andinas probó la ayahuasca y esta bebida
espirituosa le reveló lo que tanto temía: fue leopardo en una vida pasada. Su
psiquis se degeneró de tal modo que en las noches de tormenta suele llamar a
damas de compañía para que lo saquen a pasear con su correa y toma leche de un
platito en cuclillas. Actualmente es el productor de la banda y calma sus penas
en soledad con gatitos enfermos que cura.
Johnny Clavo:
Hijo de farmacéuticos, desde temprana edad
emerge su pasión por la música. De chiquito fue monaguillo y niño cantor hasta
que un productor de Canal Nueve lo recluta para convertirlo en el nuevo ídolo
juvenil de la canción romántica. Cuando descubrieron que sus letras tenían
contenidos subliminales de odio, xenofobia y adoración satánica lo sacaron de
circulación. Él siempre se declaró inocente y un genio incomprendido,
refugiándose en el negocio familiar para experimentar con substancias duras.
Pero sus adicciones salvajes hacen que hulla a vivir con su obesa tía, la famosísima cantante
de Ópera Minerva De Couter a la bella Francia, a una campiña repleta de postres
y cerezas. Allí, toda la droga que consumía junto con su tía, le sirvió para
convertirse en una figura reconocida de la Ópera, triunfando en Carmen, entre
otras. En un incendio desgarrador su adinerada tía ardió entre las llamas,
dejando a Johnny en la miseria. Para subsistir cantó en cabarets de mala muerte
hasta que un marinero lo devolvió a su tierra natal. Sueña con ser un ídolo Pop
y tiene delirios obsesivos con Madonna.
Adolescente suicida, en su juventud fue
reclutada por su psiquiatra entre las cañas de azúcar del misterioso Delta,
convirtiéndose luego en su esposa al recuperarse gracias a los cantos de las
aves más aladas y amarillas de la tierra. Tan momentánea fue su recuperación que
gracias a un delirio místico creyó haber parido a “Carmelo”, un canario
tailandés. Harta de haber sido convertida por su malevo esposo en una mediocre
ama de casa encantadora de víboras, decide enterrar una pastilla matarratas en
el tereré del Doctor y escapar con Carmelo en su bote turquesa por entre los
mosquitos gigantes. Al cruzar el río ocurre el milagro: una combi colorada de
piedras preciosas la esperaba con sonido a cítaras, olor a maderas de oriente y
otros yuyos lisérgicos de mágica preparación. A su paso el cielo se abría y una
mano gigante descendía lentamente para poner en sus brazos un cuatro a su
medida. Desde ese momento va a todas partes con él asegurando que fue el Sol
quien lo posó en sus brazos.
Betty la Foca:
Nacida en
cautiverio en una tribu africana, siendo la única mujer en esa tierra de
pastizales amarillos y negros dotados, la seductora Betty sació las ansias de
más de noventa y siete hombres jetones día y noche en orgías fluorescentes. Al
cumplir los quince años se escapó en una
balsa por entre las olas verdes del Océano Atlántico a merced de la suerte
traicionera, con la fantasía intacta de encontrar en algún puerto
Latinoamericano un hombre hecho y derecho que no se avasalle antes sus encantos
sexuales arrolladores. Gracias a su delantera sedienta fue reina del Carnaval de Villa Soldati, pero
le retiraron la corona al descubrir que en realidad ella vivía en Villa Adelina y por cuestiones
de jurisdicción ahí no le tocaba. Fiel a su sentido de justicia entonó su canto
favorito africano con una antorcha de kerosene prendida fuego y terminó con el
ridículo festival coronador de mujeres faltas de sabor. Aún espera encontrar a
ese hombre soñado al ritmo de su pandereta.



